La 2016 es una de esas cosechas que guardamos con cuidado. Cajas reservadas, con más tiempo en barrica y más tiempo en botella de lo habitual. Todo ese reposo tiene su recompensa.
Es el mismo Paraje del Mincal, el mismo Tempranillo a 1.000 metros, pero en un momento diferente. Los toques balsámicos han tomado protagonismo, la fruta ha evolucionado con elegancia y el tanino está completamente integrado. Un vino que ya no necesita esperar más. Está en su mejor momento ahora.